sábado, 11 de diciembre de 2010

EL LOCO Y EL ELEFANTE

Póngale usted a un elefante, una ofensa, a un orate una provocación,


a un circo un evento fortuito y, para el deleite y susto de los

chicos, va y le postulan a usted para un Oscar. Y a la memoria un

jazmin. Lea, si me hace el favor usted, pues.



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"Paridas" estaban todas las centenas de hermosas matas de "higuillo"

o álamo temblon,que rodeaban, por la parte interior de las aceras,

las cuatro calles que conformaban la vacia manzana de terreno

llamada "El Escolar". Deciáse que ese nombre le venia a ese lugar de

una antigua y grande escuela que durante mucho tiempo habia ocupado

el terreno, y que un voraz incendio lo habia destruido todo. Repito

yo lo que oi de niño, y yo solo tenia ocho en ese tiempo que relato

aqui.



Las aves se engullian de las dulces frutitas de esos arboles y,

confieso que los chicos tambien. Y los trinos y alardes de los alados

daban a la Ciudad De Sagua La Grande uno como aire de delirante

alegria de vivir en la naturaleza. Entre otras cosas porque nadie

osaba lastimar al mas infeliz de aquellos alegres animalitos. Y a su

vez estos parecian tornarse en lisonjeros amigos de la vida.



Yo vivia en casa de mi Tia Maria, en la calle Enrique Jose Varona, en

el mismo centro de la cuadra. La casa de al lado la ocupaba una

escuela privada, "La Escuela Robles", donde hice, creo el tercer

grado. Don Miguel y su esposa y Don Enrique, hermano de Miguel eran

castellanos, y asi sus enseñanzas que guardo en mi corazon como

preciado tesoro dado el calibre de personas tanto como de profesores

de que aquella ilustre familia podia hacer gala. Al frente, en la

esquina de Luis Mesa estaba la Farmacia y Laboratorios Tejerina, que

atendia personalmente aquel rojisimo gordo, doctor Rafael Tejerina

Lazo ( dicho sea de paso, el creador del "Vermifugo Tejerina" para

las lombrices) que era bien conocido en todo el pais.



En ese terreno de Los Escolares, se jugaba a la pelota, se corrian

regatas de saco en las fiestas patrioticas o navideñas usualmente y,

cuando venian los circos que cada año hacian sus tournees a todo lo

largo y ancho de la isla, era alli, en ese lugar, por céntrico,

llano, limpio y conveniente, donde se levantaban las carpas. Dada las

circunstacias esas, los chicos de ese entorno disfrutabamos mas que

los otros del pueblo, aun cuando no entraramos a las funciones.



Los animales, los payasos, la tramoya, los coches, carros, caballos,

leones, tigres, mujeres gordas con luengas barbas (!?), "tarugos" y

enanos estaban ante nuestros ojos durante varios dias de cada

visita. Y alguno que otro se aventuraba una charla con nosotros,

mientras que muchos lográbamos ayudarles con sus animales y asi poder

pasar "por debajo del telón", o "colarse", es decir, ver la función

sin pagar. Y de ese modo, pobres y los otros gozabamos de la visita

de cada circo, de una manera sin par.



Era el año 1929, cuando los entrenadores amarraron sus elefantes a

los ricamente semillados higuillos mientras los "tarugos", y todo el

resto de los artistas se ocupaban en los quehaceres de levantar las

lonas, armar los asientos, en fin...las mil tareas en las que el

artista, de pronto, se ve convertido en carpintero, aunque solo este

entrenado para cantar "La Traviata" o el Maestro de Ceremonis tiene

que cocinar para que los payasos puedan clavar estacas y la "doncella

divina" plancha las telas que van a cubrir los improvisados camerinos.



Entre el bullicio de la enjambre de trabajadores, artistas, tarugos,

curiosos y toties, la sinfonia era mas una escena de jazz neoyokino

que un campamento de gitanos con chicos....aun que se perdian los

delimitadores en medio de la ajetreada alegria del momento.



Cinco elefantes fueron atados por los entrenadores, cada uno a un

álamo, directamente frente a la casa de mi tia y a la escuela Robles.

Eran como las dos de la tarde; no, miento, yo salia de clases, eran

mas bien las cuatro, pero sea; una griteria, varias gentes corriendo

en todas las direcciones, unos gritos de auxilio, un no se sabia que,

de entremezcladas carreras dominaban el momento y no muchos podian

entender que pasaba. Una mata de higuillo era arrastrada por todo el

terreno, lonas, coches, ropas sogas todo un centenar de cosas

enredadas se arrastraban en todas las direcciones. Y de proto, un par

de disparos de pistola retumban aumentando la confusion y hasta un

poco de miedo. Cada cual se refugiaba donde podia y las casas vecinas

alojaban de prontro a vecinos y extraños por igual.



Una puerta de La Farmacia Tejerina de pronto era arrastrada a lo

largo del parque y el buen doctor desde detras de el mostrador

gritaba que llamaran a la policia...pese a que el tenia el telefono

ahi mismo, al lado de su mano derecha,y que no se daba cuenta, hasta

que un empleado se lo indico, sobre el mostrador, y no lo veia. Y asi

pasaron una decena de minutos que parecia ser mas largos que la

noches de los siete puñales.



Calma caballeros, calma bellas damas, calma, por favor, pedia un

hombre medio uniformado de rojo, que saliera de dentro de uno de los

vagones. Calma, que ya el animal está controlado. Era cierto, el

elefante habia sido atado de las cuatro patas con uno de esos

aparatos que los gauchos argentino lanzan a las avestruces, un bolo

creo que le llaman, compuestos de una soga o correa con dos bolas de

metal atadas a sus puntas. El pesado animal rugia. Se le veia

furioso, tan furioso que se preocupaba uno por sus amenazantes gestos.



Mas allá un policia traia, sostenido por el cuello de la sucia

camisa, al "bobo" de Sagua. Loco, le decian unos, bobo le llamaban

los otros, pero fuera cualesquiera el remoquete que le asignaran,

aquel pobrte diablo era un negro flaco, de edad indefinida pero, tal

vez no mas de 38, que deambulaba por las calles pidiendo cigarrillos,

cafe, limonada, o lo que se diera. Nadie lo veia como un real

limosnero; era, tal vez, que sufria de algun desquiciamiento

cerebral, pues no era retrasado propiamente; pero era un infeliz. Y

los eternos "cheveres" del barrio se divertian siempre haciendole el

ridiculo y mandandolo a decir las palabras que ellos mismos no podian

y no debian decir. "Bobo, dile esto....bobo, tócale el... usted sabe.



Cuando pasaron al negrito por cerca de el elefante, el animal de un

atronador rugido estremecio la tierra. Y el negrito se escapo

corriendo.



"Memorias", dijo un entrenador. ¿No habeis oido vosotros hablar de la

extraordinaria memoria de el elefante? Bien, hace como cinco

temporadas que este señor, atendiendo a unos necios que lo alentaban,

le clavo un aguijón muy crudo a ese animalito. Y ellos, los

elefantes, nunca olvidan. Por eso, cuando el tio se acercó a

tocarlo hoy, el elefante se asustó...Pudo haberlo matado si logra

atraparlo antes que nosotros. Ese negrito puede contar que hoy ha

nacido por segunda vez en su vida.



Las funciones de El Circo Montalvo siempre eran de lo mejor, pero ese

domingo los directores decidieron dar al pueblo de Sagua un regalo de

buenas amistades: la función del mediodia, o Matinee, la dieron

gratuita para los niños sagüeros.



Y se marcharon prometiendo volver el año siguiente. Y a las dos

semanas vino El Gran Circo Pubillones, y después le tocó al Teatro

Principal recibir a la Compañia teatral argentina de Eugenia Suffoli

o Zuffoli, que no recuerdo cual letra era. Y siguieron los tiempos

pasando, y los elefantes comiendo higuillos en cada visita en

competencia con los gorriones, los toties, nosotros, los chicos y el

negrito bobo siguió sirviendo de marioneta a los cheveres, que en ese

tiempo todavia no se habia inventado el cheverismo, pero ya existia

el tipo, y las aguas siguieron cayendo desde lo alto de La chorrera

hasta el naciente de "El Undoso" y los caminos se bifurcaron para dar

paso a este futuro que hoy aqui vivimos los actores y espectadores

que aun rememoramos.

Curiosa vida y dulces recuerdos de nuestra querida Sagua.



--- Fin del mensaje reenviado ---

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